La migraña no es solo un dolor de cabeza. Es una condición neurológica que puede durar entre 4 y 72 horas, que viene acompañada de náuseas, hipersensibilidad a la luz y al sonido, y que en su forma crónica (más de 15 días al mes) puede convertirse en una presencia constante que reorganiza la vida entera. Afecta a más de mil millones de personas en el mundo y es la segunda causa de discapacidad en menores de 50 años. Y sin embargo, para una parte significativa de quienes la padecen, los tratamientos disponibles no son suficientes, o generan efectos adversos que hacen difícil mantenerlos a largo plazo.
En ese espacio de búsqueda, el Cannabis medicinal ha ido ganando terreno. No como una solución definitiva sino como una opción que cada vez más pacientes y médicos están tomando en serio. La pregunta es: ¿qué dice realmente la ciencia?
Una historia antigua con biología moderna
El uso del Cannabis para tratar el dolor de cabeza no es nuevo. Hay registros históricos que se remontan a siglos atrás, y en la medicina contemporánea el interés se ha renovado a partir de un hallazgo concreto: el sistema endocannabinoide parece estar directamente implicado en la fisiopatología de la migraña.
Los receptores CB1, abundantes en el sistema nervioso central, regulan vías de transmisión del dolor que son clave en los ataques migrañosos. Hay evidencia de que las personas con migraña crónica tienen niveles significativamente más bajos de anandamida (uno de los principales endocannabinoides endógenos) en su líquido cefalorraquídeo. Esta observación ha dado lugar a la hipótesis de la «deficiencia clínica endocannabinoide», que plantea que en ciertos pacientes con migraña crónica podría existir una disfunción del sistema endocannabinoide que contribuye a la susceptibilidad a los ataques.
Además, los cannabinoides (especialmente el THC) modulan la liberación del péptido relacionado con el gen de la calcitonina (CGRP), una molécula directamente implicada en la generación del dolor migrañoso y el mismo objetivo de los tratamientos preventivos más modernos, como los anticuerpos anti-CGRP. La biología, en este caso, no solo no descarta la hipótesis: la respalda con mecanismos concretos.
Lo que muestran los estudios observacionales
El estudio más citado en este campo es el de Cuttler et al., publicado en The Journal of Pain en 2020, que analizó datos de más de 19.000 sesiones de uso de Cannabis inhalado registradas en la aplicación Strainprint (una herramienta de seguimiento de síntomas utilizada por pacientes de Cannabis medicinal). Los resultados fueron llamativos: el Cannabis redujo la severidad del dolor de cabeza en aproximadamente un 47% y la de la migraña en cerca de un 50%. Los concentrados mostraron mayor eficacia que la flor, y los hombres reportaron reducciones más pronunciadas que las mujeres. El estudio también documentó un fenómeno importante: con el uso continuado, la efectividad tendía a disminuir, lo que sugiere el desarrollo de tolerancia.
Una revisión sistemática publicada en Frontiers in Neurology en 2022 —que incluyó 12 estudios con 1.980 participante, ofreció una síntesis más estructurada. Sus hallazgos principales: el Cannabis medicinal redujo significativamente las náuseas y vómitos asociados a los ataques, disminuyó el número de días con migraña al mes (de una media de 10,4 a 4,6 en el seguimiento), y resultó un 51% más efectivo que los productos no cannabinoides en la reducción de episodios. En comparación con la amitriptilina (uno de los preventivos clásicos) el Cannabis mostró una reducción similar de la frecuencia, y en el 11,6% de los usuarios llegó a abortar el ataque migrañoso.
No son datos de ensayos clínicos aleatorizados. Eso limita las conclusiones. Pero la consistencia de los resultados en distintos estudios y poblaciones es una señal que merece atención.
El papel del THC, el CBD y la combinación de ambos
La mayoría de la evidencia disponible apunta al THC como el principal responsable de los efectos analgésicos en la migraña. Actúa sobre los receptores CB1 del sistema nervioso central, reduce la señalización del dolor, y tiene efectos antieméticos que son especialmente relevantes durante los ataques. En dosis altas, también actúa como antagonista dopaminérgico, un mecanismo compartido con algunos antimigrañosos clásicos.
El CBD, por su parte, tiene propiedades antiinflamatorias y neuroprotectoras bien documentadas en modelos preclínicos, pero su evidencia directa en migraña es más limitada. Lo más interesante es la combinación: un estudio preclínico publicado en Cephalalgia en 2025 demostró que la administración conjunta de THC y CBD redujo significativamente los síntomas similares a la migraña en modelos animales, con un efecto superior al de cada cannabinoide por separado. La sinergia entre ambos compuestos (lo que se conoce como efecto entourage) abre una línea de investigación relevante para el desarrollo de formulaciones específicas.
Riesgos que la evidencia también documenta
La imagen no sería completa sin mencionar los riesgos. El más documentado en el contexto de la migraña es la cefalea por uso excesivo de medicación (MOH, por sus siglas en inglés): un fenómeno bien conocido con triptanes y analgésicos, y que también se ha observado con el Cannabis cuando se usa de forma frecuente y no supervisada. En la revisión de Frontiers in Neurology, los efectos adversos fueron mayoritariamente leves, pero presentes en el 43,75% de los pacientes que usaron preparaciones orales.
La tolerancia es otro factor a considerar. El estudio de Cuttler et al. documentó que los usuarios tendían a necesitar dosis progresivamente mayores para obtener el mismo efecto, lo que plantea preguntas sobre la sostenibilidad del tratamiento a largo plazo sin un protocolo de seguimiento clínico.
¿Dónde estamos hoy?
La evidencia sobre Cannabis medicinal y migraña es prometedora, pero todavía incompleta. Hay señales consistentes de reducción de frecuencia e intensidad en estudios observacionales, una base biológica sólida, y datos que sugieren que ciertos perfiles de pacientes (especialmente aquellos con migraña crónica resistente a tratamientos convencionales) podrían beneficiarse de esta opción. Lo que falta son ensayos clínicos aleatorizados bien diseñados, con dosis estandarizadas y seguimientos prolongados, que permitan establecer protocolos clínicos con evidencia de primer nivel.
Conclusión
La migraña crónica sigue siendo una de las condiciones neurológicas más incapacitantes del mundo, y la ciencia que rodea al Cannabis medicinal en este campo es todavía joven. Las señales son prometedoras: reducción de frecuencia, modulación del dolor, mecanismos biológicos coherentes. Pero prometedor no es sinónimo de definitivo. Lo que sí está claro es que ignorar esta evidencia (por prejuicio o por exceso de cautela) tampoco es una postura neutral. La medicina avanza cuando se hace las preguntas incómodas con rigor. Esta es una de ellas.
Referencias científicas
- Poudel S, Quinonez J, Choudhari J, et al. Medical Cannabis, Headaches, and Migraines: A Review of the Current Literature. Cureus. 2021;
https://doi.org/10.7759/cureus.17407 - Cuttler C, Spradlin A, Cleveland MJ, Craft RM. Short- and Long-Term Effects of Cannabis on Headache and Migraine. J Pain. 2020;
https://doi.org/10.1016/j.jpain.2019.11.001 - Okusanya BO, Lott BE, Ehiri J, McClelland J, Rosales C. Medical Cannabis for the Treatment of Migraine in Adults: A Review of the Evidence. Front Neurol. 2022; https://doi.org/10.3389/fneur.2022.871187
- Zorrilla E, Krivoshein G, Kuburas A, et al. Combined effects of cannabidiol and Δ9-tetrahydrocannabinol alleviate migraine-like symptoms in mice. Cephalalgia. 2025; https://doi.org/10.1177/03331024251314487
