Las evidencias científicas disponibles son favorables al uso del Cannabis Medicinal en pacientes con dolor crónico especialmente en casos de dolor neuropático y oncológico. Ante esta evidencia, es suficientemente razonable que un paciente lo quiera probar y/o que un médico lo quiera ensayar con un paciente.

Hay ciertas consideraciones a contemplar antes de elegir el producto. Una es la presencia de otros síntomas que frecuentemente acompañan al dolor crónico que también podrían responder potencialmente con cannabis medicinal: fatiga, ansiedad, espasticidad muscular e insomnio pueden ser también considerados como dianas terapéuticas.

Otra consideración es el patrón temporal del dolor. ¿Es éste un dolor continuo o intermitente? ¿Cuánto duran los episodios de dolor? ¿Es el dolor peor durante el día o por la noche?

Finalmente hay que tener en cuenta también es la facilidad con la que el paciente puede utilizar el producto como por ejemplo ¿puede el paciente manipular un vaporizador o liar un cigarrillo de cannabis medicinal con suficiente destreza?

Las contraindicaciones mejor descritas ya se han comentado, sin embargo, en este punto hay que hacer una reflexión respecto a las reservas que tienen los médicos al prescribir cannabis medicinal.

En el campo del dolor crónico, el uso de los opioides acabó siendo un grave problema de salud en los países norteamericanos. Esa “crisis de opioides” llevó a las sociedades científicas y agencias estatales de salud a cuestionar seriamente el uso de opioides como tratamiento de larga duración en pacientes con dolor crónico de origen no oncológico.

Eso hace que, en la actualidad, el uso del cannabis medicinal esté mucho más vigilado de lo que estuvieron y están los opioides en el campo del dolor y de forma quizás injusta, tendrá que demostrar mejores resultados en cuanto a eficacia y seguridad que muchos otros tratamientos que ya están disponibles en las farmacias con efectos analgésicos.

Esta reflexión liga con las posibles contraindicaciones y en particular con el peligro de adicción al cannabis tras utilizarlo como producto sanitario.

Si bien es sabido que el potencial adictivo del cannabis es menor que el del alcohol o la cafeína, y si bien es también conocido que el cannabis tiene un perfil de seguridad clínica mejor que muchos otros productos sanitarios, frente a aquellos pacientes que presenten factores que sugieran riesgo de desarrollar un síndrome por consumo de sustancias es posible que, igual que los opioides, los productos del cannabis a dosis de THC elevadas no sean la mejor opción terapéutica.

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