Hay una pregunta que llevan años haciéndose atletas, entrenadores y médicos deportivos a la vez: ¿puede el CBD mejorar la recuperación después del esfuerzo físico intenso? No como suplemento de moda, sino como herramienta terapéutica real. La respuesta que está llegando desde los laboratorios es compleja. Y por eso merece atención.
El punto de partida: la WADA y el CBD en 2018
Antes de hablar de ciencia, hay que entender el contexto regulatorio. En 2018, la Agencia Mundial Antidopaje (WADA) eliminó el CBD de su lista de sustancias prohibidas. Fue una decisión sin precedentes. El CBD es el único derivado del Cannabis sativa L. que los atletas profesionales pueden usar libremente, tanto en competición como fuera de ella.
¿Por qué lo hizo la WADA? Porque el CBD no tiene efectos psicoactivos, no genera dependencia significativa según la OMS, y su mecanismo de acción es distinto al del THC. Lo que sí hace es interactuar con el sistema endocannabinoide (SEC), un sistema regulador presente en músculos, articulaciones, sistema nervioso central y sistema inmune. Esa interacción es precisamente lo que lo hace interesante para el deporte.
¿Qué buscan los atletas en el CBD?
Una encuesta reciente con atletas canadienses de élite —algunos con experiencia olímpica— arrojó datos muy reveladores. Karam et al. (2025) analizaron las respuestas de 80 deportistas de alto rendimiento. Un 38% había usado CBD alguna vez. Entre quienes lo usaron:
- El 93% reportó mejoría en la calidad del sueño.
- El 90% notó mayor relajación.
- El 77% refirió reducción del dolor muscular por entrenamiento.
Lo que llama la atención no son solo los porcentajes, sino las razones de uso. Los atletas no buscaban rendimiento. Buscaban recuperación: dormir mejor, inflamarse menos, recuperar más rápido. Ese es el nicho real del CBD en el deporte.
Sin embargo, el 28% de quienes nunca lo habían usado mencionó como principal freno el miedo a una violación de las normas antidopaje. Porque aunque el CBD está permitido, los productos que lo contienen pueden estar contaminados con THC, que sí está prohibido en competición. Es un riesgo real que los clínicos deben comunicar.
La revisión sistemática: lo que sabemos y lo que falta
En 2024 se publicó la primera revisión sistemática dedicada exclusivamente al efecto del CBD sobre el rendimiento y la recuperación en personas físicamente activas. Bezuglov et al. analizaron 901 publicaciones y seleccionaron los 7 estudios que cumplían criterios estrictos de inclusión.
Sus conclusiones son matizadas. El CBD mostró efectos limitados pero reales sobre algunos parámetros fisiológicos:
- VO₂ (consumo de oxígeno): ligera mejora en algunos estudios.
- Potencia media relativa: datos positivos pero no concluyentes.
- Fuerza y salto vertical: resultados inconsistentes entre estudios.
Lo que más destaca la revisión es el gap metodológico: la mayoría de estudios fueron realizados entre 2021 y 2024, con muestras pequeñas y protocolos heterogéneos. La ciencia aún está construyendo su base. Pero el crecimiento del interés investigador es inequívoco.
El RCT de 2025: corredores, dosis y límites reales
El ensayo más reciente y metodológicamente robusto lo publicó el equipo de la Universidad de Sídney en agosto de 2025. Sahinovic et al. realizaron un ensayo clínico aleatorizado, doble ciego, cruzado y controlado con placebo en 25 corredores entrenados.

El sistema endocannabinoide y el esfuerzo físico
Para entender por qué el CBD tiene relevancia teórica en el deporte, hay que comprender cómo el SEC responde al ejercicio intenso. Durante el esfuerzo prolongado, el organismo produce anandamida, el endocannabinoide endógeno más estudiado. Es la molécula del llamado runner’s high: el estado de euforia y analgesia que aparece tras el ejercicio sostenido.
El CBD inhibe la degradación de la anandamida al bloquear la enzima FAAH. El resultado teórico es una mayor disponibilidad de anandamida circulante. Más anandamida significa potencialmente:
- Mayor umbral de dolor durante y después del ejercicio.
- Reducción de la respuesta inflamatoria mediada por citocinas.
- Mejora del sueño reparador, donde ocurre la mayor parte de la regeneración muscular.
Además, el CBD actúa sobre los receptores CB2, presentes en células inmunes y tejido muscular. Su activación reduce la producción de citocinas proinflamatorias y podría acelerar la resolución del daño muscular inducido por ejercicio.
CBD y recuperación deportiva: el sueño como eslabón clave
De todos los mecanismos, el que tiene mayor respaldo en atletas es el efecto del CBD sobre el sueño. No solo en la encuesta canadiense: también en estudios con jugadores de rugby, ciclistas y triatletas. El CBD parece mejorar la latencia del sueño y reducir los despertares nocturnos.
En medicina del deporte se sabe que el sueño es el principal agente recuperador. Hormona de crecimiento, síntesis proteica muscular, consolidación de patrones motores: todo ocurre principalmente en las fases profundas del sueño. Un atleta que duerme mejor, se recupera mejor. El CBD, en ese contexto, tiene una lógica terapéutica sólida frente a la ansiedad competitiva, los viajes intercontinentales y los horarios irregulares de entrenamiento.
Lo que la ciencia del CBD en deporte aún no puede responder
Seamos honestos sobre los límites actuales. Los estudios existentes tienen limitaciones estructurales que impiden hacer recomendaciones definitivas:
- Dosis heterogéneas: los ensayos usan entre 15 mg y 600 mg. Los efectos son dosis-dependientes y no se puede extrapolar entre estudios.
- Vías de administración distintas: aceite sublingual, cápsulas, cremas, bebidas. La biodisponibilidad varía enormemente.
- Muestras pequeñas: la mayoría de RCTs incluye menos de 30 participantes.
- Riesgo de contaminación con THC: productos comerciales de CBD pueden contener trazas de THC capaces de generar un positivo en antidopaje.
Conclusión
El CBD no es el suplemento que va a mejorar tu tiempo en 10 kilómetros ni tu marca en sentadilla. La evidencia de 2025 es clara en ese punto. Lo que el CBD y recuperación deportiva tienen en común es algo diferente, quizás más valioso: ayudar al organismo a recuperarse del esfuerzo con menos inflamación, menos dolor y mejor sueño.
Para los atletas que buscan una alternativa a los antiinflamatorios clásicos (con sus efectos adversos gastrointestinales, o a los hipnóticos, con su riesgo de dependencia), el CBD representa una opción que la ciencia observa con creciente seriedad. La WADA lo permitió en 2018. Los estudios de 2025 empiezan a explicar por qué esa decisión tenía sentido.
ReferenciasReferencias
Karam, D. et al. (2025). Cannabidiol use among elite-level Canadian athletes: the pursuit of improved sleep, pain relief, and enhanced recovery. Frontiers in Nutrition, 12. https://doi.org/10.3389/fnut.2025.1711773
Bezuglov, E. et al. (2024). The Effect of Cannabidiol on Performance and Post-Load Recovery among Healthy and Physically Active Individuals: A Systematic Review. Nutrients, 16(17), 2840. https://doi.org/10.3390/nu16172840
Sahinovic, A. et al. (2025). The Acute Effects of Cannabidiol on Physiological and Subjective Responses to Endurance Exercise: A Dose-Ranging Randomised Controlled Crossover Trial. Sports Medicine – Open, 11, 96. https://doi.org/10.1186/s40798-025-00895-w
