Un estudio de la Universidad de Chicago se dedicó a estudiar los efectos del cannabis en distintos grupos demográficos.

La investigación, llevada adelante por científicos del Departamento de Psiquiatría y Neurociencia del Comportamiento, arrojó que los efectos agudos del THC son mayores durante la adolescencia.

Para determinar esto, los investigadores estudiaron a adolescentes de entre 18 y 20 años y a adultos de entre 30 y 40, que habían usado cannabis menos de 20 veces en su vida.

Así, administraron cápsulas de THC de 7,5 y 15 mg en tres sesiones de estudio en orden aleatorio en condiciones de doble ciego y obtuvieron medidas subjetivas, cardiovasculares, conductuales y electroencefalografías (EEG). 

¿Qué fue lo que observaron los científicos? 

“El THC afectó el estado subjetivo y la frecuencia cardíaca de manera similar en ambos grupos de edad. Sin embargo, los adolescentes fueron más sensibles a los efectos de deterioro del rendimiento, mostrando deterioros dependientes de la dosis en el tiempo de reacción, la precisión de la respuesta y la percepción del tiempo“, dice el abstract del estudio.

En conclusión, frente a dosis que producen índices de intoxicación comparables, los adolescentes pueden presentar un mayor deterioro cognitivo y alteraciones en la función cerebral.

El efecto del cannabis también varía según el sexo

“Mucho de lo que creemos se basa en estudios en hombres [N. de E.: cisgénero]. Mucho conocimiento puede no ser cierto en las mujeres”, afirmó Harriet de Wit, PhD, profesora del Departamento de Psiquiatría y Neurociencia del Comportamiento y una de las líderes del estudio.

Por eso, la investigación también examinó los efectos del THC en mujeres y su interacción con el ciclo menstrual.

Según reportó el estudio, todas las participantes eran mujeres adultas cisgénero con ciclos menstruales regulares y se encontraban, en el momento de las sesiones, en fase folicular. Para estudiarlas, se utilizaron cuestionarios y electrocardiogramas del corazón y del sistema circulatorio. Y, además, midieron los niveles físicos y psicológicos de ansiedad de las participantes.

De esta manera, se descubrió que las dosis más altas de THC aumentaban la frecuencia cardíaca y disminuían la variabilidad de la frecuencia cardíaca, dos síntomas fisiólogicos de la ansiedad.

No obstante, las participantes no asociaron estos síntomas con “sentimientos subjetivos de ansiedad”.

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