El glaucoma es una de las principales causas de ceguera irreversible en el mundo. Millones de personas conviven con esta enfermedad, muchas de ellas buscando alternativas o complementos a los tratamientos convencionales. En los últimos años, el Cannabis medicinal ha aparecido con frecuencia en esa búsqueda. Y no es casualidad: la historia entre los cannabinoides y la presión ocular tiene más de cincuenta años. Pero ¿qué dice realmente la ciencia hoy?
La respuesta, como suele ocurrir en medicina, no es simple. Hay datos prometedores, limitaciones importantes y una distinción fundamental que muchos pacientes desconocen: el THC y el CBD no actúan igual sobre el ojo. Entender esa diferencia puede ser clave para tomar decisiones informadas.
¿Qué es el glaucoma y por qué importa la presión intraocular?
El glaucoma es una neuropatía óptica progresiva: el nervio óptico se daña de forma gradual, generalmente como consecuencia de una presión intraocular (PIO) elevada. Cuando la presión dentro del ojo supera los límites que el nervio puede tolerar, las células ganglionares de la retina comienzan a morir. El daño es silencioso al principio, y cuando el paciente nota pérdida de visión, ya existe un deterioro significativo.
El tratamiento estándar (colirios hipotensores, láser o cirugía) tiene como objetivo principal reducir esa presión. De ahí que cualquier sustancia capaz de bajar la PIO haya despertado interés clínico. Y los cannabinoides, en particular el THC, llevan décadas en ese radar.
El THC y la presión ocular: una historia que comenzó en los años 70
El primer reporte clínico sobre Cannabis y presión intraocular data de 1971. Un paciente con glaucoma pigmentario observó que los halos visuales que experimentaba cuando su PIO subía desaparecían cuando fumaba marihuana. Ese hallazgo casual abrió una línea de investigación que persiste hasta hoy.
Los estudios de las décadas de 1970 y 1980 (pequeños, poco controlados, pero pioneros) mostraron de forma consistente que fumar Cannabis con THC reducía la PIO aproximadamente un 25% durante 2 a 4 horas, en el 60-65% de los individuos. Décadas después, un estudio aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo confirmó estos resultados: los sujetos que inhalaron THC pasaron de una PIO media de 17,5 mmHg a menos de 15 mmHg, una reducción del 15% sostenida hasta tres horas, comparable a la de un colirio hipotensor de agente único.
Una revisión publicada en 2024 en Medical Cannabis and Cannabinoids por Joshi, Mariam y Kamath sistematiza toda esta evidencia acumulada. Su conclusión es clara: los cannabinoides reducen la presión intraocular, pero el efecto es de corta duración. Y esa limitación temporal es, precisamente, el talón de Aquiles de esta vía terapéutica.
El problema del tiempo: ¿cada cuánto habría que dosificar?
El glaucoma requiere un control de la PIO durante las 24 horas del día, incluyendo el período nocturno, cuando la presión tiende a elevarse. Si el THC solo actúa durante 2 a 4 horas, un paciente necesitaría dosificar entre 6 y 12 veces al día para mantener un efecto continuo. Eso no es clínicamente viable, ni seguro, ni sostenible.
Este es el argumento central por el que tanto la American Academy of Ophthalmology como la American Glaucoma Society no recomiendan el uso de Cannabis para el tratamiento rutinario del glaucoma. No porque la evidencia de reducción de PIO sea inexistente —existe y es real— sino porque la duración del efecto es insuficiente para el manejo crónico de la enfermedad.
Además, el THC tiene efectos sistémicos: puede producir taquicardia, hipotensión, alteraciones cognitivas transitorias y, en algunos pacientes, reacciones de ansiedad. Usar dosis frecuentes a lo largo del día implicaría una exposición continua a estos efectos, lo que en pacientes mayores —que son la mayoría de los afectados por glaucoma— representa un riesgo adicional.
CBD y glaucoma: el error más común
Aquí es donde muchos pacientes se equivocan. El CBD, que se vende libremente en aceites, cápsulas y cremas, no reduce la presión intraocular. Y en dosis altas, puede elevarla.
Un ensayo clínico aleatorizado y controlado con placebo evaluó el efecto sublingual de THC y CBD en pacientes con hipertensión ocular o glaucoma incipiente. Los resultados fueron reveladores: 5 mg de THC sublingual redujeron significativamente la PIO a las 2 horas. El CBD a 20 mg no produjo ningún cambio. Y el CBD a 40 mg generó una elevación transitoria de la PIO de 23,2 a 25,9 mmHg.
Estudios en modelos animales refuerzan esta distinción: mientras el THC actúa como agonista de los receptores cannabinoides CB1 en el ojo, el CBD puede comportarse como antagonista de esos mismos receptores, bloqueando o revirtiendo el efecto hipotensor del THC. En otras palabras, el CBD no solo no ayuda en el glaucoma: puede interferir activamente con el mecanismo que sí funciona.
Este hallazgo tiene implicaciones prácticas importantes. Un paciente que usa un producto de Cannabis con alto contenido en CBD y bajo en THC (pensando que está tratando su glaucoma) podría estar haciendo exactamente lo contrario de lo que necesita.
¿Hay algo más allá de la presión? El potencial neuroprotector
Uno de los aspectos más interesantes de la investigación actual va más allá de la PIO. El glaucoma no es solo una enfermedad de presión: es una neuropatía, y la muerte de las células ganglionares de la retina ocurre por mecanismos que incluyen excitotoxicidad por glutamato, estrés oxidativo y vasoconstricción del nervio óptico.
Los cannabinoides, a través de los receptores CB1 y CB2, han mostrado en modelos animales capacidad para inhibir la liberación de glutamato, reducir la producción de óxido nítrico y citocinas inflamatorias, y aumentar el flujo sanguíneo al nervio óptico mediante la inhibición de endotelina-1. Estos mecanismos sugieren un potencial neuroprotector que podría ser relevante en el glaucoma, independientemente de su efecto sobre la PIO.
Sin embargo, la evidencia en humanos sobre neuroprotección es aún muy limitada. Los estudios disponibles son pequeños, con dronabinol oral (THC sintético), y muestran resultados preliminares interesantes pero no concluyentes. Es un área activa de investigación, pero no una indicación clínica establecida.
El desafío de la vía de administración
Otro obstáculo técnico importante es la dificultad de hacer llegar los cannabinoides directamente al ojo. Los colirios de THC han mostrado resultados decepcionantes en estudios clínicos: menos del 5% de la dosis aplicada tópicamente alcanza los tejidos intraoculares, debido a la baja solubilidad acuosa del THC y a los mecanismos de drenaje precorneal.
Se han explorado formulaciones con aceites, ciclodextrinas, prodrogas y nanopartículas para mejorar la penetración corneal, pero la tolerabilidad ha sido un problema recurrente: sensación de ardor, edema palpebral y otras molestias locales han limitado su desarrollo. La búsqueda de un sistema de administración ocular eficaz para cannabinoides sigue siendo uno de los principales retos de la investigación en este campo.
Lo que la evidencia permite decir hoy
La revisión de Joshi et al. (2024) en Medical Cannabis and Cannabinoids resume bien el estado actual: los cannabinoides (específicamente el THC) reducen la presión intraocular de forma demostrada, pero el efecto es breve, la evidencia clínica en pacientes con glaucoma establecido es escasa, y no existe aún un sistema de administración adecuado para uso crónico. La evidencia disponible no es suficiente para recomendar el uso rutinario de cannabinoides en el tratamiento del glaucoma.
Eso no significa que la investigación esté cerrada. Significa que estamos en una fase intermedia: hay señales biológicas reales, hay mecanismos plausibles, pero falta el puente entre la promesa y la práctica clínica.
¿Qué hacer si tienes glaucoma y te interesa el Cannabis medicinal?
Lo primero es no abandonar ni modificar el tratamiento prescrito por tu oftalmólogo. El glaucoma no tratado o mal controlado produce daño irreversible. Ningún producto de Cannabis disponible actualmente puede sustituir a los colirios hipotensores, el láser o la cirugía cuando están indicados.
Lo segundo es entender que no todos los productos de Cannabis son iguales. Si existe algún interés en explorar esta vía como complemento, la conversación debe darse con un médico especializado en Cannabis medicinal que conozca tu historial oftalmológico completo, que pueda evaluar el perfil cannabinoide adecuado y que trabaje en coordinación con tu oftalmólogo.
Referencias
- Joshi N, Mariam H, Kamath A. Cannabinoids for the Treatment of Glaucoma: A Review. Med Cannabis Cannabinoids. 2024;
10.1159/000541461 - Tomida I, Azuara-Blanco A, House H, Flint M, Pertwee RG, Robson PJ. Effect of sublingual application of cannabinoids on intraocular pressure: a pilot study. J Glaucoma. 2006;
10.1097/01.ijg.0000212260.04488.60 - Lopez MJ, Nataneli N. Cannabis Use for Glaucoma and Associated Pain. StatPearls [Internet]. StatPearls Publishing; 2023.
NCBI Bookshelf - Mosaed S. Cannabis, Glaucoma and Intraocular Pressure. Review of Ophthalmology. 2022. reviewofophthalmology.com
