En el mundo del Cannabis medicinal, hay compuestos que ya son bastante conocidos, como el CBD. Pero hay otros que están empezando a ganar protagonismo por lo que podrían aportar en salud. Uno de ellos es el CBG (cannabigerol), un cannabinoide no psicoactivo que está despertando interés por su posible efecto antiinflamatorio.
La inflamación es un proceso natural del cuerpo. El problema aparece cuando se mantiene en el tiempo o se vuelve excesiva. Es lo que ocurre en muchas enfermedades crónicas: desde problemas de piel hasta patologías metabólicas o inmunológicas. Por eso, encontrar moléculas que ayuden a regular la inflamación sin bloquear completamente el sistema inmune es uno de los grandes objetivos de la medicina actual.
¿Por qué importa controlar la inflamación?
Cuando hablamos de inflamación, no nos referimos solo a algo visible como una irritación en la piel. En realidad, es un proceso mucho más profundo que implica señales químicas, células del sistema inmune y cambios en tejidos.
En condiciones como la dermatitis, el intestino irritable, la obesidad o incluso algunas enfermedades neurológicas, hay una constante: el sistema inflamatorio está sobreactivado.
Esto genera un círculo difícil de romper: se liberan citocinas inflamatorias, se dañan tejidos y el sistema inmune sigue activándose, manteniendo o empeorando la inflamación.
Aquí es donde entran compuestos como el CBG: no para “apagar” el sistema, sino para ayudar a modularlo.
CBG: un modulador, no un supresor
A diferencia de algunos fármacos clásicos que bloquean completamente ciertas vías (y pueden generar efectos secundarios), los cannabinoides suelen actuar de forma más “fina”. Es decir, ajustan la respuesta en lugar de eliminarla.
En el caso del CBG, la investigación apunta a que puede influir en dos grandes sistemas clave de la inflamación: la vía JAK/STAT, que regula cómo las células responden a señales inflamatorias, y el sistema NF-κB, que activa genes relacionados con inflamación.
Cuando estas rutas están demasiado activas, el cuerpo entra en un estado inflamatorio sostenido. Lo interesante es que el CBG parece ayudar a reducir esa hiperactividad, bajando la producción de moléculas inflamatorias.
Lo que se ha observado hasta ahora
La evidencia más reciente muestra que el CBG puede reducir la producción de citocinas inflamatorias como IL-1, IL-6 y TNF, disminuir señales asociadas a inflamación crónica y mejorar el estado de tejidos afectados por inflamación.
En términos simples: el entorno celular pasa de estar “en alarma constante” a un estado más equilibrado.
En modelos de piel inflamada, por ejemplo, se ha observado que el uso de CBG se asocia con menos enrojecimiento, menos engrosamiento de la piel y menor infiltración de células inflamatorias.
Esto no significa que el CBG sea un tratamiento definitivo, pero sí que interviene en los mecanismos que generan el problema.
Más allá de la piel: un efecto que podría ser sistémico
Aunque muchos estudios se han centrado en la piel, las vías inflamatorias que modula el CBG están presentes en todo el cuerpo.
Eso abre la puerta a pensar en su potencial en otras condiciones donde la inflamación juega un rol clave, como trastornos metabólicos, enfermedades autoinmunes, dolor crónico o procesos neuroinflamatorios.
Aquí es importante ser claros: todavía no hay suficiente evidencia clínica en humanos para confirmar estos usos. Pero el hecho de que el CBG actúe sobre rutas centrales de la inflamación lo convierte en un compuesto con interés transversal.
¿Cómo encaja esto con el sistema endocannabinoide?
El sistema endocannabinoide sigue siendo una pieza importante para entender cómo actúa el Cannabis en el cuerpo. Sin embargo, cada vez es más evidente que algunos cannabinoides, como el CBG, no dependen únicamente de este sistema.
También pueden interactuar con receptores no cannabinoides, vías metabólicas y sistemas inmunológicos.
Esto amplía mucho el campo de acción y explica por qué el efecto del Cannabis no se limita solo a CB1 o CB2.
Seguridad y realidad clínica
Un punto clave para cualquier paciente: el hecho de que un compuesto tenga potencial no significa que ya esté listo para uso clínico generalizado.
En el caso del CBG, la mayoría de los datos son preclínicos, faltan estudios amplios en humanos y aún se están definiendo dosis, formulaciones y perfiles de seguridad a largo plazo.
Eso no invalida su interés, pero sí obliga a un enfoque responsable: uso informado y siempre bajo orientación profesional.
Conclusión: un cannabinoide a seguir de cerca
El CBG representa una nueva generación de compuestos del Cannabis que no solo actúan sobre síntomas, sino sobre procesos biológicos profundos, como la inflamación.
La evidencia actual sugiere que puede reducir señales inflamatorias clave, modular rutas como JAK/STAT y NF-κB y contribuir a restaurar el equilibrio en tejidos afectados.
Todavía queda camino por recorrer en investigación clínica, pero el mensaje es claro: el Cannabis no es una molécula única, sino un conjunto de compuestos con efectos distintos, y el CBG podría convertirse en uno de los más relevantes en el campo de la inflamación.
Referencia
Jeong, G.H.; Kim, K.C.; Lee, J.H. (2025). Anti-Inflammatory Effects of Cannabigerol In Vitro and In Vivo Are Mediated Through the JAK/STAT/NFκB Signaling Pathway. Cells, 14(2), 83. DOI: https://doi.org/10.3390/cells14020083
