El uso de CBD en niños con trastorno del espectro autista (TEA) ha ganado protagonismo en la literatura científica de los últimos años. Un ensayo clínico aleatorizado, doble ciego, controlado con placebo y de diseño cruzado, publicado en la revista Autism Research (2026), aporta datos rigurosos sobre esta cuestión clínica. El estudio, liderado por Nina-Francesca Parrella y su equipo de la Universidad de Deakin (Australia), evaluó los efectos del aceite de cannabidiol (CBD) con terpenos en niños diagnosticados con autismo. Sus resultados matizan el papel del CBD como apoyo terapéutico en el neurodesarrollo infantil, mostrando beneficios claros en algunas áreas y ninguno en otras.
Este tipo de investigación es relevante porque el diagnóstico de TEA ha aumentado de forma sostenida a nivel mundial, y muchas familias buscan alternativas terapéuticas complementarias a las intervenciones conductuales tradicionales. El cannabidiol, al no ser psicoactivo y presentar un perfil de seguridad favorable, se ha convertido en una de las opciones más estudiadas dentro de la psiquiatría infantil y el neurodesarrollo.
Diseño del estudio
La investigación siguió un protocolo metodológico riguroso, propio de un ensayo clínico de fase II. Los aspectos clave del diseño fueron los siguientes:

Este diseño cruzado permite que cada niño actúe como su propio control, reduciendo la variabilidad individual y aumentando la potencia estadística del estudio, algo especialmente valioso en muestras pediátricas reducidas como esta.
Resultados principales: qué mejoró y qué no
En la variable principal del estudio, la escala SRS-2, el CBD no mostró una diferencia estadísticamente significativa frente al placebo tras las 12 semanas de tratamiento (p = 0,125). Esto significa que, en términos globales de responsividad social, no se detectó un cambio robusto atribuible al cannabidiol.
Sin embargo, el panorama cambia al observar las variables secundarias, donde sí se registraron mejoras estadísticamente significativas:

Estos resultados sugieren que, aunque el CBD no transformó la percepción global de responsividad social medida por el SRS-2, sí tuvo un impacto medible en dimensiones más específicas y funcionalmente relevantes para las familias, como la ansiedad y la calidad de la interacción social cotidiana.
Seguridad y tolerabilidad
Uno de los aspectos más tranquilizadores del ensayo es el perfil de seguridad observado. El tratamiento fue, en general, bien tolerado por los participantes. Solo dos niños experimentaron molestias gastrointestinales leves durante la administración de CBD, sin que se reportaran otros eventos adversos relevantes ni abandonos del estudio por motivos de seguridad. Este dato es coherente con el perfil de tolerabilidad ya descrito en otros ensayos con cannabidiol en población pediátrica.
Interpretación científica de los hallazgos
Aunque el CBD no modificó la puntuación global de responsividad social (SRS-2), los hallazgos en medidas secundarias apuntan a un efecto específico sobre la ansiedad y la interacción social, dos áreas de alto impacto funcional en el día a día de los niños con TEA y sus familias. La reducción del estrés parental es, además, un resultado clínicamente relevante, ya que este factor está directamente vinculado con la calidad de vida familiar y con la capacidad de sostener intervenciones terapéuticas a largo plazo.
Los autores enmarcan estos resultados dentro de la hipótesis de modulación del sistema endocannabinoide (ECS), un sistema neuromodulador implicado en la regulación emocional y el procesamiento social. Esta interpretación es coherente con estudios previos que también han explorado el cannabidiol en autismo, como los trabajos de Aran et al. (2021) y Silva Junior et al. (2024), que reportaron mejoras en comunicación social y conducta disruptiva con formulaciones de CBD.
Es importante destacar que la disociación entre el resultado principal (sin cambios en SRS-2) y los resultados secundarios (con mejoras significativas) es un patrón observado en varios ensayos con CBD en TEA, lo que sugiere que las escalas globales podrían no ser lo suficientemente sensibles para capturar cambios específicos en dominios como la ansiedad o el estrés parental.
Limitaciones del estudio
Se trata de un ensayo piloto con una muestra reducida (n=29), por lo que sus resultados deben interpretarse con cautela. Los propios autores enfatizan la necesidad de estudios con mayor tamaño muestral, seguimientos más prolongados y réplicas independientes para confirmar tanto la eficacia como la seguridad del CBD en población pediátrica con TEA. Asimismo, al tratarse de un aceite con terpenos añadidos, no es posible aislar completamente el efecto exclusivo del cannabidiol frente a posibles efectos sinérgicos de estos compuestos aromáticos.
Conclusión
Este ensayo clínico aporta evidencia preliminar pero rigurosa sobre el papel del CBD en niños con autismo. Si bien no se observó un efecto significativo sobre la responsividad social global, los datos son alentadores respecto a la reducción de la ansiedad, la mejora en la relación social y, especialmente, la disminución del estrés parental. Estos hallazgos refuerzan la necesidad de seguir investigando el cannabidiol como herramienta terapéutica complementaria en el neurodesarrollo infantil, siempre bajo supervisión médica y dentro de marcos regulatorios adecuados.
Referencia
Parrella, N.-F., Hill, A. T., Enticott, P. G., Botha, T., Catchlove, S., Downey, L., & Ford, T. C. (2026). Effects of Cannabidiol on Social Relating, Anxiety, and Parental Stress in Autistic Children: A Randomized Controlled Crossover Trial. Autism Research.
10.1002/aur.70159
